Resiliencia escolar en educación media superior y superior en México: una mirada meta-analítica para la orientación educativa


Dra. Libia Gómez Altamirano


















Resiliencia escolar en educación media superior y superior en México: una mirada meta-analítica para la orientación educativa

Dra. Libia Gómez Altamirano



Autora: Dra. Libia Gómez Altamirano

Sección: Reflexiones y visiones


Resumen

El presente metanálisis tiene como objetivo sintetizar la investigación mexicana sobre la resiliencia escolar en los niveles de Educación Media Superior (EMS) y Superior. El estudio corrobora que la resiliencia es un predictor positivo del logro educativo y un factor clave para mitigar la deserción.

Define este constructo como un proceso dinámico y sistémico que moviliza recursos personales y externos para transformar dificultades académicas. Identifica factores protectores como la autoeficacia y el apoyo social, frente a riesgos socioeconómicos y académicos. Finalmente, propone reorientar la orientación educativa hacia un modelo preventivo que fortalezca las competencias psicosociales y las redes de tutoría.

Palabras clave: Resiliencia Escolar, Abandono Escolar, Factores protectores, Factores de riesgo, Orientación Educativa.

Academic Resilience, School Dropout, Protective factors, Risk factors. Educational Guidance (o School Counseling).

Introducción

Para la introducción del presente estudio es esencial tener en cuenta que el artículo se construye con la metodología de un metanálisis. Esto se conoce como un método de investigación en el que se combinan los resultados de varios estudios independientes en un mismo tema y se aplica análisis estadístico para sintetizar la evidencia y obtener conclusiones más robustas.

Según Gaxiola et al. (2012) este enfoque permite reconocer con mayor claridad la aportación de variables específicas, como la resiliencia y el contexto social, al éxito académico en comparación con estudios aislados. A diferencia de una investigación primaria de campo, este “estudio de estudios” permite discernir patrones recurrentes, tales como el rol de la autoeficacia o el apoyo familiar, y brindar una panorámica que tenga mayor representatividad a nivel nacional al agrupar diversas muestras y contextos.

A su vez, esta perspectiva también posibilita observar lagunas en la literatura vigente, como la inexistencia de investigaciones longitudinales o la pronunciada heterogeneidad en los instrumentos de medición implementados en el país. Los estudios de este análisis abordan el complejo escenario de la Educación Media Superior (EMS) y Superior en México, donde los alumnos se enfrentan a retos críticos tales como elevadas tasas de deserción, reprobación y vulnerabilidad socioeconómico.

El contenido del artículo está estrechamente relacionado con estas líneas de investigación en cuanto que propone un cambio de perspectiva: pasar de centrarse únicamente en las carencias y riesgos al constructo de resiliencia, considerado como un proceso dinámico y sistémico de adaptación y crecimiento.

Desde esta perspectiva, la resiliencia se formaliza como el proceso que posibilita que un individuo, sistema o comunidad puedan resistir, adaptarse, transformarse y recuperarse en forma oportuna. Se sintetizan los resultados a través de un marco analítico a nivel individual, relacional e institucional para convertir el saber teórico en lineamientos operativos para la orientación educativa, la tutoría y el acompañamiento psicopedagógico.

Marco conceptual

El concepto resiliencia ha cambiado desde acercamientos centrados en el individuo hasta enfoques más macro donde se consideran procesos, contextos y comunidades. En este artículo se propone un marco para el análisis de resiliencia escolar en tres niveles: (a) individual −habilidades, actitudes, percepciones−; (b) relacional −apoyos familiares, de pares, de profesores/tutores−; y (c) institucional /contextual −cultura escolar, políticas de permanencia, administración institucional−. Así, este marco servirá para clasificar y sistematizar los resultados de las investigaciones revisadas.

Históricamente, la resiliencia fue definida en la investigación de primera generación como un rasgo de carácter dentro de los niños que salían adelante aun cuando se encontraban en circunstancias adversas de vida. De hecho, se enfocaban en localizar a los niños invulnerables.

Con el tiempo, la segunda generación enfoca a la resiliencia como un proceso dinámico de adaptación, en interacción con factores de riesgo y protección, en el que la relación individuo-medio es muy relevante (Gil, 2010).

En su revisión, Gil (2010) comenta que, dentro del ámbito escolar, dicho cambio se manifiesta en que: se la consideraba primero como un conjunto de características que permitían a ciertos niños superar la adversidad; luego como un proceso dinámico en el que convergían factores internos y externos; y, finalmente, como una perspectiva holística que incluía al sistema educativo en su promoción.

Dicho enfoque, denominado modelo holístico de la resiliencia, propone entender la resiliencia no solo como una capacidad del sujeto sino como una construcción conjunta, situada en el contexto institucional y comunitario (Gil, 2010).

En el artículo “Una mirada desde la resiliencia en adolescentes en contextos escolarizados” (Moreno López, 2019), se logró identificar en Bolivia el nivel de resiliencia de un conjunto de 116 jóvenes de secundaria, resaltando que la resiliencia escolar puede medirse como un grado de adaptación frente a las adversidades escolares y sociales, y que el contexto educativo juega un papel fundamental para su promoción.

Aunque el foco de ese estudio es secundario, es un hallazgo que también consideramos relevante para el presente análisis, pues fortalece la noción de que la resiliencia escolar no es solo individual, sino que está mediada por apoyos escolares, relaciones significativas y estructura de la comunidad educativa.

En resumen, las definiciones actuales facilitan conceptualizar la resiliencia como proceso −y no como rasgo solamente− que se promueve con las relaciones dialógicas entre el sujeto, sus redes de apoyo y el mundo escolar-institucional. Por ejemplo, Gil (2010) hace uso de la metáfora de la mini casa de resiliencia de Vanistendael, la casa tiene: los «cimientos», se refiere a las necesidades básicas y de aceptación, la «planta baja» a las redes de apoyo (familia, amigos), el «primer piso» incluye elementos como: autoestima, valores, habilidades para la vida, y el «desván» a otras vivencias por descubrir.

También se aprecia la diferenciación entre los factores de resiliencia y los factores de no-resiliencia (que dificultan o inhiben a los de resiliencia) dentro del modelo holístico.

Aplicados a contextos educativos, particularmente en educación media superior y superior tal y como a cualquier nivel, este marco implica pensar no solo en qué cuenta el estudiante (autorregulación, autonomía, afrontamiento positivo, entre otros) sino en qué estructuras y relaciones asisten al estudiante (tutores, tutoras, pares, cultura institucional) y qué barreras contextuales podrían obstaculizar su fortalecimiento resiliente (organización escolar, determinantes socioeconómicos, administración institucional).

Por tanto, estamos hablando de un enfoque sistémico. En este sentido, en este artículo se utiliza la siguiente como definición operacional: la resiliencia escolar es un proceso dinámico mediante el cual los estudiantes en conjunto con sus redes de apoyo y ambiente escolar movilizan recursos personales y de ámbito externo para resistir, adaptarse, y/o transformar las dificultades que ocurren en el sistema educativo, incluyendo que este proceso se desarrolla en los niveles individual, relacional e institucional.

Por último, para encuadrar nuestro estudio, cabe destacar que la literatura mexicana ya ha comenzado a trabajar en torno a la resiliencia escolar en el EMS y superior, siendo los modelos conceptuales expuestos aquí para organizar hallazgos que puedan derivar en lineamientos para la orientación educativa.

Síntesis de Hallazgos: Factores y Dinámicas de la Resiliencia Escolar en México

Instrumentos de Medición de Resiliencia Escolar en los Niveles Medio Superior y Superior en México

La medición de la resiliencia en el contexto educativo mexicano, especialmente en los niveles medio superior y superior, ha supuesto la adaptación o elaboración de instrumentos específicos que permitan captar las dimensiones del constructo en un ambiente sociocultural particular. Resulta importante contar con instrumentos válidos y confiables para detectar habilidades resilientes, factores protectores y de riesgo y cualquier otra variable que nos permita diseñar programas de intervención dirigidos a estudiantes que enfrentan adversidades académicas, escolares y personales.

Instrumentos dirigidos al Nivel Medio Superior

Algunas investigaciones en el nivel medio superior han pretendido validar escalas ya existentes o crear propias que se ajusten al contexto del adolescente mexicano.

Entre sus herramientas está el Inventario de Resiliencia (IRES), elaborado por Gaxiola et al. (2011) y que ha sido utilizado en investigaciones con estudiantes de bachillerato en Sonora, México. Evalúa diez dimensiones disposicionales, tales como el afrontamiento, actitud positiva, perseverancia, autoeficacia y orientación a metas, presentando una alta consistencia interna en la muestra analizada.

En contrapartida, Gómez Altamirano (2020) dio a conocer la Escala de Resiliencia Escolar, diseñada para el nivel medio superior y superior. El instrumento que presenta, aplicado a estudiantes del Colegio de Ciencias y Humanidades (CCH) de la UNAM, se fundamenta en un Modelo de Resiliencia Escolar que contempla siete dimensiones esenciales, las cuales son: Introspección, Autorregulación, Autonomía, Afrontamiento positivo, Orientación a metas. Este estudio informó propiedades psicométricas aceptables para esta población.

Mas recientemente, la validación de la Escala de Resiliencia Académica (ARS-30) en el contexto de adolescentes mexicanos de Educación Media Superior en Sonora, México, se ha constituido en un referente importante. El análisis factorial confirmatorio realizado por Gutiérrez-Cervantes y Vera Noriega (2024) confirmó la validez y confiabilidad de la solución bifactorial de la ARS-30 para la evaluación de la resiliencia académica en esta muestra.

Instrumentos para la Educación Superior

En la educación superior, las investigaciones han enfatizado la importancia de evaluar la resiliencia no solo como una característica, sino también un proceso dinámico ante la adversidad.

En 2023, Montoya-Avecías y Lerma-Talamantes (2023) elaboraron y validaron la Escala de Resiliencia ML (Montoya-Lerma), la que tiene como objetivo evaluar el proceso psicológico de la resiliencia en estudiantes universitarios mexicanos.

El cuestionario se construyó bajo las redes semánticas naturales obtenidas en la población mexicana y contiene 18 reactivos bajo una escala tipo Likert. Su matriz de cuatro factores conceptualiza a la resiliencia con los siguientes elementos: resistir conductual, resistir cognitivo (significar), aprender y trascender. La escala reportó adecuadas propiedades psicométricas, por lo que se consolidó como instrumento para evaluar dicho constructo en estudiantes universitarios.

Para resumir, la variedad de instrumentos validados y desarrollados en México refleja el intento de adecuar la medición de la resiliencia en función de las características contextuales de los estudiantes, tanto de nivel preparatoria como de licenciatura, con una tendencia a desarrollar escalas que capten el proceso resiliente desde el punto cultural y lingüístico local.

Factores de Riesgo y Protectores de la Resiliencia Académica

La coexistencia entre los factores protectores y de riesgo en estudiantes de EMS y ES en México condiciona su resiliencia y puede entenderse como un complicado juego de fuerzas donde estas interactúan hasta enmascararse una con otra.

Factores protectores: reflejo de las fortalezas intrínsecas y extrínsecas

Las investigaciones en ámbitos nacionales resaltan la importancia de las competencias individuales o personales como los principales factores protectores. El trabajo de Torres Cruz y Ruiz Badillo (2012) con estudiantes de bachillerato en el Estado de México, por citar un ejemplo, encontró que estudiantes identificados como resilientes obtuvieron puntajes significativamente superiores en motivación al logro y locus de control interno, atributos que consideran el éxito como un producto de su esfuerzo y control.

Esta idea se refuerza con el planteamiento que hace Gaxiola et al. (2012) sobre cómo influye de manera positiva el planteamiento de metas y los contextos sociales en el rendimiento académico de los estudiantes.

Desde un nivel metacognitivo, la autoeficacia para el aprendizaje y estrategias de autorregulación son factores predictivos de la resiliencia. Hernández-Jácquez y Montes-Ramos (2020) señalan que en la EMS son signos de riesgo la poca autoeficacia y las estrategias deficientes de estudio, por lo que la alta autoeficacia se considera, por ende, como un factor protector más.

En el contexto social, tener una buena percepción de apoyo social es el principal protector extrínseco. Gutiérrez et al. (2016) reportaron en los resultados de estudiantes universitarios una relación significativa entre altos niveles de resiliencia con un adecuado funcionamiento familiar y con apoyo social. De igual manera, la vinculación escolar positiva, sentirse apoyado por los maestros y la escuela, es un factor que estimula la motivación y disminuye la probabilidad de deserción (García, 2016, citado en Gómez, 2020).

Reynoso-Alcántara et al. (2018) también establecen que la educación universitaria se asocia, por sí sola, a una mayor resiliencia en comparación con los jóvenes que trabajan.

Factores de riesgo: Hallazgos sobre la Vulnerabilidad y el Abandono

La amenaza más frecuente que enfrenta el abandono escolar es la que tiene una base socioeconómica. Las encuestas nacionales, como la ENADEMS (SEP), muestran que la necesidad de trabajar o la carencia de recursos económicos se encuentran entre las principales razones que llevan a la deserción en la EMS (Hernández-Jácquez & Montes-Ramos, 2020; Román, 2013).

En cuanto al rendimiento académico, el riesgo está asociado con la reprobación y baja autoeficacia. Estos, junto con la ruptura social y académica −incongruencia o vínculo entre el alumno y el centro educativo− predicen directamente la deserción (Román, 2013).

Por último, factores contextuales y conductuales también aumentan el riesgo. Bravo Andrade et al. (2021) evidenciaron que asociarse a amistades que practican conductas de riesgo (consumo de sustancias) puede minimizar la protección generada a partir de disposiciones resilientes en adolescentes, revelando con ello la vulnerabilidad que representa el grupo de pares en sentido no saludable.

También la existencia de problemas graves en el entorno familiar, como duelos o enfermedades, han sido señalados como estresores que exigen de una elevada resiliencia para ser superados (Gutiérrez, 2016).

Implicaciones de la resiliencia para la Orientación Educativa

El metanálisis de factores de riesgo, factores protectores y resiliencia establece un marco de referencia sólido para proponer un reenfoque de las estrategias de intervención dentro de los servicios de orientación educativa en los niveles de EMS y ES. La orientación se traslada así desde una función de índole exclusivamente informativa o remedial a una función proactiva, desarrolladora de competencias psicosociales.

1. Desarrollo de los Factores Protectores Intrínsecos (Intervención Individual)

Los hallazgos señalan a la motivación de logro, el locus de control interno y la autoeficacia como los predictores más importantes del éxito (Gaxiola et al., 2012b, 2012c; Torres Cruz & Ruiz Badillo, 2012) por tanto, los programas de orientación deberían enfocarse en la construcción de estas habilidades psicológicas.

  • Entrenamiento en Autorregulación y Metas: Dentro de la orientación se deben crear proyectos donde se diseñen intervenciones como talleres, charlas u otro tipo de acciones que promuevan en los estudiantes la autorregulación académica y la planificación sistemática del estudio. Esto abonaría a la baja autoeficacia y a las estrategias deficientes de estudios señalas como factores de riesgo (Hernández-Jácquez & Montes-Ramos, 2020) pudiéndose trasformar en factores protectores intrínsecos.

  • Promoviendo el Pensamiento de Crecimiento: Es importante fomentar una narrativa en la que el fracaso, o no aprobar, no sean vistos como sentencia, sino como aprendizaje para así promover la perseverancia y la búsqueda adaptativa de ayuda, que son componentes clave para el éxito académico (Usán et al., 2022).

2. Fortalecimiento de Factores Protectores Extrínsecos (Intervención Sistémica)

Al ser el apoyo social y familiar el factor de protección extrínseco más fuerte (Gutiérrez et al., 2016), la orientación debe fungir como un nexo entre el estudiante, su familia y la institución.

  • Programas de Tutoría y Mentoría: Es necesario fortalecer las modalidades de tutoría académica y de pares. Estos programas deben de ir más allá del seguimiento curricular y centrarse en generar mayor vinculación con la escuela y en el apoyo socioemocional. Un tutor que brinda un espacio de escucha y cuidado aporta en forma directa en atenuar la deserción escolar (Román, 2013).

  • Colaboración con Familias: La orientación debe hacer partícipes a las familias, brindándoles herramientas y espacios para que se conviertan en una red funcional de apoyo en situaciones de alto estrés (duelo, enfermedad), o simplemente a las tensiones inherentes de la vida escolar (reprobación, problemáticas con amistades o pareja, etcétera) tal y como lo sugieren Gómez (2020) y Gutiérrez et al. (2016).

3. Estrategias de Mitigación de Riesgos y Permanencia

Teniendo en cuenta que la deserción por motivos económicos es el riesgo principal en la EMS (SEP-ENADEMS, 2012), la orientación educativa debe incorporar mecanismos de soporte práctico.

  • Identificación y Canalización de Riesgos: La orientación debe aplicar instrumentos de tamizaje que le permitan detectar de manera temprana a estudiantes que presenten baja resiliencia, alta vulnerabilidad socioeconómica, y/o que realicen conductas de riesgo (Bravo Andrade et al., 2021), lo cual posibilitará la canalización inmediata a becas, apoyos financieros o servicios de salud mental.

  • Rol en la Prevención de Deserción: La resiliencia, por ser una posibilidad de logro (Farfán Heredia, 2022), debe ser la columna vertebral de las estrategias de permanencia. La orientación deberá realizar intervenciones concretas para que estos alumnos puedan reconducir sus estrategias de afrontamiento y redefinir sus metas académicos para que dicho riesgo no conlleve a abandono, teniendo a la resiliencia como factor moderador (Gaxiola et al., 2022).

Discusión y Conclusiones

Los resultados de este metanálisis llevan a especular sobre la posibilidad de que la resiliencia escolar sea un capital psicológico diferenciador que influye en la trayectoria escolar del alumno. La evidencia revisada permite afirmar la posibilidad de que los factores protectores se concentren en variables de índole personal, tales como la motivación al logro, la autoeficacia y el locus de control interno. De igual forma, desde el extrínseco, el apoyo social de la familia y los tutores tienen una implicación relevante.

En contraposición, los hallazgos indican que, ya para los dos tercios de riesgos más mencionados en la literatura reseñada, éstos son de índole socioeconómica –necesidad de trabajar–, y académica –reprobación y deserción. Según la ENADEMS, ellos se señalan como factores que más se relacionan con el desinterés en la Educación Media Superior.

Respecto al impacto en la trayectoria académica, la literatura indica que la resiliencia no solo se correlaciona con el rendimiento, sino que podría predecirlo de manera indirecta mediante la mediación de las metas de aprendizaje. Es posible considerar la resiliencia como un factor moderador que contribuye a mitigar el impacto negativo de ciertos riesgos psicosociales, como la influencia de pares con conductas de riesgo, sobre el compromiso y la permanencia escolar.

Finalmente, estos hallazgos plantean la conveniencia de que la orientación educativa transite hacia un modelo con un enfoque más preventivo. Esto implicaría el diseño de programas de tutoría orientados a promover la autoeficacia y la planificación académica, los cuales podrían funcionar como puntos de apoyo social para favorecer la integración del estudiante en el sistema educativo. Es importante señalar que estas conclusiones deben interpretarse con cautela debido a la marcada diversidad de instrumentos de medición y a la prevalencia de investigaciones de carácter transversal en la literatura revisada.

Limitaciones de la literatura revisada

Se deben leer con cautela los resultados antes mencionados, ya que la literatura sobre la resiliencia académica o escolar en México indica importantes problemas metodológicos que limitan la posibilidad de generalización de sus hallazgos. En primer lugar, hay una clara heterogeneidad conceptual y metodológica, con el uso de diferentes instrumentos de medición.

Esta ausencia de consenso en recopilación operacional y las dimensiones evaluadas representa un desafío para hacer un análisis comparativo a nivel de los estudios realizados en América Latina. En segundo lugar, existe una preponderancia de estudios transversales o correlacionales. Esta limitación no permite determinar relaciones causales sobre cómo emerge la resiliencia en el tiempo, por lo que son necesarios estudios longitudinales que den seguimiento a los estudiantes en un largo periodo.

Por último, las muestras pueden estar sesgadas, ya que la mayor parte de la investigación se centra en la secundaria o en instituciones particulares, ya sean estas públicas o privadas. Dicha sobrerrepresentación de algunos sectores impide que se pueda afirmar que tales resultados sean totalmente generalizables a la población nacional estudiantil.

Futuras líneas de investigación

Para fortalecer el desarrollo del estudio de resiliencia en México y evitar las limitaciones metodológicas encontradas, se proponen a continuación las siguientes directrices para futuras investigaciones:

Estandarización y validación de instrumentos: Es necesario continuar avanzando en la validación y estandarización de escalas específicas de resiliencia académica, tales como la ARS-30 o la RESI-M, en grandes muestras de estudiantes mexicanos. Esto ayudaría a garantizar que los dominios medidos están adecuadamente anidados dentro de los desafíos culturales y sistémicos específicos del país.

Estudios longitudinales y modelos predictivos: Se sugiere incentivar a que se realicen investigaciones que acompañen a las cohortes estudiantiles desde que ingresan a la EMS hasta que concluyen la ES. Este enfoque permitiría la construcción de modelos predictivos estrictos que expliquen el peso relativo de cada factor protector y de riesgo en el éxito académico a largo plazo.

Revisión de intervenciones basadas en la evidencia: Es necesario realizar revisiones sistemáticas de los programas de tutoría y consejo implementados para fomentar la resiliencia. La finalidad es comprobar que estas medidas son eficaces antes de que se integren formalmente en los instrumentos institucionales.

Estas propuestas tienen como finalidad avanzar hacia un conocimiento de mayor profundidad y sentido práctico, que redunde directamente en el mejoramiento de las trayectorias de los estudiantes en el sistema educativo nacional.

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Dra. Libia Gómez Altamirano

Dra. Libia Gómez Altamirano

Técnica Académica Titular “B” Tiempo Completo definitiva, Dirección General de Orientación y Atención Educativa (ORCID: 0009-0005-8270-5243).


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